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Lo que no se sabe de Andrés Caicedo, y que muy pronto saldrá a la luz

Lo que no se sabe de Andrés Caicedo, y que muy pronto saldrá a la luz. Es una paradoja angustiante. Que uno de los escritores más radicales y arriesgados de la literatura colombiana, uno de los más originales y transgresores, haya dependido siempre de otros, de terceros, para que su su obra fuera difundida. Un escritor que hizo de su obra un feroz manifiesto de libertad y rebeldía contra su tiempo, contra su clase social, contra las convenciones sociales de su época y hasta contra las convenciones artísticas en las que había crecido, no tuviera ese último resquicio de libertad para decidir cómo y de qué manera toda su obra debería ser publicada.

Ya dijo Balzac que el mayor atributo de la providencia es la ironía. Y al hablar de Andrés Caicedo, el joven escritor caleño que afirmó que la vida después de los 25 años era una vergüenza y que, fiel a ese principio existencial se suicidó en 1977 el mismo día que recibió una copia de su primera novela publicada, la ironía se convierte en ‘leit motiv’, en elemento definitorio.

Todo en el recorrido vital de Caicedo lleva un signo irónico: una de sus mayores desesperaciones era aquella de ver su obra publicada, y la primera copia de ‘Que viva la música’ le llegó el mismo día que firmaba su muerte. Su padre Carlos Alberto nunca se interesó demasiado en nada de lo que escribió hasta que recibió la tremenda noticia de su suicidio. Y luego todo lo demás: el hijo renegado de una familia clase media que adoraba los barrios bajos poblados por gentes de pieles oscuras; el amante del rock encandilado luego por los tambores de la salsa; el actor tartamudo, el ángel empantanado y sucio.

Pero quizá la suprema ironía sea la ya enunciada: que el jovencito implacable que hizo de su obra literaria – en la que hay incesto y canibalismo y jovencitas que estudian en colegios de monjas y terminan como prostitutas y jovencitos adinerados que se suicidan acosados por sus vidas insípidas – una expresión casi salvaje de su libertad, hubiese quedado luego a merced de que otros decidieran por él aquello que vale la pena de ser puesto en un libro. Y aquello que no.

Una libertad que pierde la partida con el lanzamiento de su última carta. La providencia imponiendo la ironía.

La noticia se supo hace dos semanas. La editorial Planeta se hizo con los derechos de reproducción de la totalidad de la obra literaria de Andrés Caicedo. Y podría tratarse de un acontecimiento nimio, de no más que una movida entre las miles que cada semana se dan en el mundo de la industria – que cada vez es más industrial – literaria. Salvo que para este caso los agravantes son varios.

Que Planeta haya decidido hacerse a los derechos de reproducción de esa obra podría querer decir que por fin el legado epistolar de Caicedo llegará al público que lo sigue. Como se sabe, en 2017 fue censurada la aparición de un libro con 198 cartas que iba a publicar la editorial Fondo de Cultura Económica y que ya estaba prologado. Se especuló mucho sobre las razones de esa censura que, al parecer, tuvieron que ver con el hecho de que algunos de sus herederos, entre los que se cuentan a sus hermanas, no estaban muy cómodos con el contenido de esas cartas. Fueron especulaciones que se zanjaron de un modo más o menos eufemístico: “desacuerdos entre los herederos” de Caicedo, de los cuales Rosario Caicedo, su hermana, fue la única que se opuso al veto del libro.

Pero la irrupción de Planeta en el universo de Caicedo puede significar también otras cosas, como la publicación de sus obras menos conocidas y, sobre todo, de aquellas que aún permanecen en la oscuridad del desconocimiento. Y, mucho más allá, la posibilidad de abolir la censura que tanto se ha ensañado con aquel joven, tan tímido y también tan feroz.

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La llegada de la obra de Andrés Caicedo a Planeta se dio, además de por el interés propio de la editorial, por dos razones: la primera es la disolución de la Sociedad Caitela SAS, compuesta por varios familiares de Caicedo, entre ellos Rosario Caicedo, y quienes son los herederos legales de todo el legado de Andrés. La segunda es que a principios de este año los herederos no renovaron el contrato con Penguin Random House, la editorial que contaba con los derechos de reproducción de la obra del caleño. Por lo cual, desde febrero de 2019 hasta este mes de mayo, Andrés Caicedo estuvo sin casa editorial.

Caitela SAS, compuesta por dos hermanas y un sobrino del escritor, tomaba desde 2009 todas las decisiones respecto a la divulgación del legado literario de Caicedo, y lo hacía bajo el modelo de la mayoría absoluta. Sin embargo, los problemas al interior de esa sociedad, que de acuerdo con Rosario Caicedo estaban aún antes de la formación de esta, condujeron a que, desde hace varios años, Rosario pidiera varias veces su disolución. Estos problemas salieron abiertamente a la luz desde la publicación del libro ‘Mi cuerpo es una celda’ (2008) escrito por el chileno Alberto Fuguet, que realiza lo que él llamo una autobiografía de Caicedo a partir mayormente de algunas de sus cartas.

En ese momento empezaron a presentarse varios problemas entre las hermanas de Andrés, porque dos de ellas negaron a publicar en ese libro una carta que Andrés le había escrito al poeta y novelista Jaime Manrique en 1975, en la que se notaba un sentimiento homoerótico”, contó Rosario, quien se opuso radicalmente a esa censura. El libro terminó por publicarse sin aquella carta.

Otra de las desavenencias se presentó cuando a Caitela SAS se le ofreció la posibilidad de vender los derechos de reproducción de ‘Que viva la música’ a una productora cinematográfica, para realizar una película. Como se sabe, esta novela de Caicedo está cargada de referencias musicales, que incluyen canciones de The Rolling Stones, The Beatles, Eric Clapton, Richie Ray y Bobbie Cruz, entre muchos otros, referencias que son fundamentales para el sentido de la obra. De modo que pensar en realizar una película sobre la novela implicaba por principio un gran escollo presupuestal: ¿era posible pagar los altísimos costos de los derechos de reproducción de canciones tan necesarias para la película como ‘Moonlight Mile’ de los Stones?

“Yo siempre tuve muchas reservas cuando se planteó esa posibilidad, porque me parecía una apuesta demasiado arriesgada. Una de mis reservas era justamente la utilización de la música y recuerdo muy bien que cuando se discutió la propuesta, los responsables de la productora cinematográfica expresaron que eso no iba a ser un problema. Yo dudé mucho de que no lo fuera. El acuerdo inicial, de todos modos, era que los herederos de Andrés siempre tendríamos un diálogo abierto con los guionistas de la película para expresar nuestra opinión respecto a la adaptación”, contó Rosario. Sin embargo, agrega, ella percibió que ese diálogo no se dio en una forma equitativa.

La pelicula, dirigida por el caleño Carlos Moreno, fue estrenada en 2015 en el Festival de Sundance y, a pesar de llevarse el premio a Mejor Coproducción en el Festival de Cine de Sao Paulo, recibió muy malas críticas en diversos medios colombianos.

Cuando el filme apareció, sin embargo, Rosario ya venía intentando, a través de varios abogados, disolver la sociedad Caitela SAS, porque, dijo, “era mi punto de vista que las decisiones que se estaban tomando estaban afectando directamente el legado literario de Andrés Caicedo”. Sin embargo, es probable que los desacuerdos más fuertes entre los herederos del escritor se dieran con el intento fallido de la publicación del libro ‘Correspondencia’, que iba a aparecer en 2017, estaría compuesto por 198 cartas del escritor y que, además, ya tenía un prologo escrito por Luis Ospina y Sandro Romero Rey. Como lo expresaron María Víctoria y Pilar Caicedo, ambas hermanas de Andrés, en una carta enviada a la revista Arcadia, su decisión de que el libro no se publicara, aún luego de que ya se había acordado su edición, se debió a que en el volumen “se incluían varias cartas que, a nuestro criterio, no aportan a la obra literaria de Andrés, ya que son cartas de la esfera privada”.

“Cuando supe que ese libro, que yo había aprobado y del cual leí las 198 cartas que iban a hacer parte del índice, no iba a ser publicado, decidí que lo que estaba sucediendo con el legado de Andrés clamaba justicia. Era mi parecer que esta decisión no tomaba en cuenta el deseo del escritor, que quiso publicar absolutamente todo lo que produjo, incluyendo las cartas. Desde entonces, mis esfuerzos por disolver la sociedad Caitela SAS se hicieron más fuertes”, indicó Rosario Caicedo.

“Gracias a los cuatro abogados que me aconsejaron sobre derechos de autor y disolución de sociedades se pudo llegar a la terminación de Caitela SAS”, agregó.

andrés caicedo

Andrés Caicedo se suicidó en marzo de 1977, el mismo día que recibió el primer ejemplar de su novela ‘Que viva la música’.

Archivo Fernell Franco / Especial para El País

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Lo único que se sabe por ahora es que Planeta iniciará la publicación de la obra de Caicedo en el segundo semestre de este año y, entre los escritos que se publicarán, aunque aún no se tenga una fecha exacta, se encuentra su correspondencia.

Pero mucho más allá de esa correspondencia, los apasionados del escritor caleño esperan la aparición de toda su obra inédita, así como la publicación de grandes obras que, aunque ya han aparecido bajo otros sellos editoriales, no se han reeditado. “Yo creo plenamente en que Planeta tiene un objetivo serio y apasionado por la obra de Caicedo, y que publicará no solo lo que ya está en circulación sino toda su obra inédita, compuesta por guiones cinematográficos, cuentos, poemas y cartas”, ha dicho Rosario.

Y es que, si bien la mayor parte de todo el resultado del gran frenetismo literario de Andrés ya ha sido publicado, lo cierto es que mucha de su creación, que puede resultar de un valor incalculable para los amantes de su literatura, aún no ha salido a la luz. Entre esas obras, por ejemplo, se encuentran los guiones cinematográficos que Caicedo escribió y con los que, en el año de 1973, viajó a Los Ángeles con el objetivo de llevarlos hasta Hollywood y venderlos al productor de películas de bajo presupuesto, Roger Corman.

Aquellos guiones hacen parte además de uno de los episodios más interesantes y a la vez devastadores de la vida de Caicedo, quien llegó hasta Los Ángeles con muy poco dinero, pasó un mes viviendo en moteles de mala muerte y al final no pudo hacer que esos guiones, traducidos al inglés precariamente por su hermana Rosario, llegaran a ser comprados. Luego de esa frustrada aventura, el escritor, que alguna vez habría de decirle a su hermana por teléfono: “no hay ángeles en Los Ángeles, Rosarito”, regresó derrotado a Colombia. En otra carta le hizo saber a Rosario que solo le quedaba regresar a Cali, pero esta vez a trabajar intensamente en su obra.

Los guiones, que se titulan ‘La estirpe sin nombre’ y ‘La sombra sobre Innsmouth’, hasta ahora permanecen inéditos.

Por otro lado, la obra de teatro de Caicedo también es uno de sus poco conocidos tesoros literarios, que solo ha sido publicada por la Universidad del Valle y que ha tenido muy poca difusión. Se trata de piezas de dramaturgia que son estudiadas y montadas sobre todo en circuitos académicos, dada la dificultad que existe para encontrarlas. Obras consideradas por muchos críticos de gran altura artística, como es el caso de ‘El mar’, a la que el crítico Sandro Romero Rey considera su “obra maestra para las tablas”, o ‘La piel del otro héroe’, montada en 1968 por Andrés Caicedo y Ramiro Arbeláez, y que recibió el premio a Mejor Dirección en el III Festival de Teatro de Cali.

Sin embargo, quizá una de las obras más injustamente desconocidas y menos valorada de todo el prolífico trabajo de Caicedo, sea la novela inconclusa ‘Noche sin fortuna’, que el autor empezó a escribir en 1970 y sobre la cual aún trabajaba antes de morir. Se trata de una tremenda, perturbadora y furiosa síntesis de todo el universo caicediano, una novela que revela todas las inquietantes obsesiones del autor, desde su rechazo intransigente a la sociedad conservadora de la Cali de los años 60, hasta su inclinación furibunda por destruir su propia clase y todas las costumbres e ideas sobre las cuales se construía, pasando por el incesto, el canibalismo y la angustia existencial de una juventud asfixiada por la estrechez intelectual y emocional de su tiempo.

La novela, publicada por primera vez en 1984 en el libro ‘Destinitos fatales’, en una edición de Oveja Negra editada por Luis Ospina y Sandro Romero Rey, cuenta la historia de Solano Patiño la noche que asiste a su primera fiesta, los quince años de su amiga Angelita. Solano es un joven solitario y marginal, enfermizamente tímido, que busca el apoyo de un compañero de escuela, Danielito Bang. Poco a poco las situaciones van pasando de lo cotidiano a lo grotesco y por último a lo macabro, a un horror sin duda influenciado por Poe y Lovecraft, en el que la fiesta termina con una serie de sangrientos asesinatos y actos de canibalismo.

‘Noche sin fortuna’ es una de las novelas más aterrorizantes que yo he leído. Es una novela que lo destruye todo, pero también es una descripción de lo que es el buen arte. Andrés aquí perturba totalmente el universo en el que ha crecido, la avenida sexta, la Cali de los años 60, así como la fiesta de 15 años como institución social. Es el mundo de Poe y Lovecraft en clave caleña”, dice Rosario Caicedo.

Aunque fue publicada también en 2002 y 2009 por Norma, continúa siendo una de las obras menos conocidas del escritor, pero también una de sus más ambiciosas creaciones. “Andrés vivía profundamente obsesionado por tratar de terminar la novela y ver la mejor forma de hacerlo”, agrega Rosario. Quizá ya haya llegado el tiempo 42 años después de que Caicedo se abismara en su última y eterna noche, de que el mundo se abisme también en la totalidad de su literatura, la crónica completa de ese descenso que le tomó 25 años.

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